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miércoles, 25 de enero de 2012

Tradición histórica oral ancashina, tomo 2

Por: Ricardo Virhuez Villafane
http://rvirhuez.wordpress.com/page/2/  
De José Antonio Salazar Mejía, es un libro estupendo por donde se le mire
Tradición histórica oral ancashina,
tomo 2, de José Antonio Salazar
 
Si la lectura del primer tomo nos procuró la alegría de haber leído un gran libro, este segundo tomo no hace más que confirmar la certeza de nuestra primera lectura.
Se trata de un libro de crónicas o tradiciones cuyos valores residen, en primer lugar, en la fuente que lo origina, es decir en el relato oral contemporáneo, en el valioso testimonio que guardan nuestros abuelos o antepasados para contar hechos ocurridos en tiempos recientes. A diferencia de los relatos orales tradicionales, que construyen hermosas ficciones, las tradiciones  contemporáneas guardan aquello que la historia oficial oculta o escamotea al conocimiento general.
Con estas tradiciones, Huarás y las ciudades cercanas de pronto se nos hacen conocidas, las miramos desde el interior, participamos de las peripecias de sus personajes, atributo del que solo gozaban las novelas.
Con lenguaje claro y sencillo, ágil y penetrante, José Antonio Salazar nos ofrece un gran fresco de Ancash y su vida moderna, que viene desde los inicios republicanos hasta nuestros días. Sus crónicas son divertidas o de denuncia, pero en todas ellas reinan la comprensión y la ironía que reflejan el espíritu alegre y apasionado de los pobladores ancashinos.
Si valiosa es la actitud de asumir la versión oral como fuente de escritura, más allá de los legajos de burócratas e intelectuales a sueldo, más valioso es su espíritu de contar la historia con inapelable dosis de cariño, con la mente abierta a las numerosas formas del conocimiento, con el alma entregada a la vida que fluye sin fronteras ni limitaciones.
Estamos, pues, como dije al principio, frente a un gran libro, que se lee como se leen los grandes libros: con pasión, con alegría, atrapados por la belleza de sus historias y las vidas contradictorias de sus personajes.

miércoles, 18 de enero de 2012

El Misterio De La Calle Loreto. Nueva Novela de Marcos Yauri

D e    M a r c o s    Y a u r i    M o n t e r o
Por Alejandro Mautino Guillén
Marcos Yauri Montero (Huaraz, 1930) es un escritor infatigable, prueba de ello son sus obras distribuidas en poesías, novelas y ensayos. Por la década de los sesenta su figura como poeta se consolida con un libro clave El mar, la lluvia y ella (1960), poemario que condensa un aura neorromántica con una intensa lírica conversacional, cuya figura simbólica del agua lo inunda todo produciendo lo trágico, pero también lo fértil. Yauri es también autor de otros notables libros de poesía: La poesía es sencilla como el amor, Balada del amor de Lázaro, Lázaro divagante, entre otros.  En 1988 se publica una valiosa novela No preguntes quién ha muerto que consolida a Yauri como novelista. Dicha obra es interesante porque en aquella la historia y la memoria son usadas como temas y técnicas al mismo tiempo. De este modo la activación de una memoria hace que las otras historias se activen. La novela, así, plantea fricciones discursivas elaboradas como técnicas, esta última convierte ciertos temas en hechos friccionales en la obra. El autor también es un riguroso investigador de etnohistoria, donde emplea una metodología interdisciplinaria para el análisis de elementos escritos y orales. Véanse libros como El señor de la soledad. Discurso de la abundancia y la carencia, Simbología de las plantas nativas, Puerta de la alegría, entre otros. Marcos Yauri es quizás un hecho atípico, como algunos pocos, por ofrecer un importante poemario, una notable novela y sugestivos estudio sobre etnohistoria.
El misterio de la calle Loreto, de reciente aparición, confirman lo prolífico de la pluma de su autor. La novela trata del desplazamiento de un joven abogado Arturo Robles Oliveros a una ciudad de la sierra para indagar sobre la fortuna del padre de su amigo Antonio Páez Guzmán de la Colina. En dicha ciudad, en una pulpería, escucha la música de un viejo arpista que con su melodía hace que Arturo recuerde hechos de su niñez y oiga la canción de “el zorro negro” que cruza el camino de un hombre en señal de mal augurio. El personaje decide indagar la genealogía de la canción e intentará a través del músico indagar en el autor o los motivos de trocamiento de algunas letras de la canción (el cambio del zorro por el del gato negro). La historia de la canción, de este modo, guarda una memoria, reminiscencia que juega con las rivalidades de dos pueblos enfrentados por el agua.
Esta es una novela que ligeramente se separa de la poética novelística de Yauri, pero que al mismo tiempo confirma dicha poética. A diferencia de las anteriores novelas ésta busca la metáfora del retorno del héroe no a la ciudad perdida, añorada, subjetivada o idealizada, sino conquistar su propia ciudadanía espiritual. En El misterio de la calle Loreto a nivel del desarrollo de la trama no sucede nada, pero si hay un tema, y al mismo tiempo una técnica, narrativa clásica de Yauri que se asoma en la novela: la memoria. Esta es usada como técnica y tiene que activar las memorias individuales, que al mismo tiempo aprehenden las memorias colectivas. Estas memorias guardan el pasado, los recuerdos, la historia personal, las canciones populares, etc. La historia de este modo no se plantea como un descripción fría, sino como una recreación a través de la visión del narrador. Por otro lado, la memoria es una metáfora de desplazamiento cultural, donde el narrador se desplaza desde un lugar simbólico hacia el pasado y rescata su identidad y la asimila. En El misterio de la calle Loreto, el narrador indaga  a través de interrogatorios (como en una novela policial) el origen de la canción, pero no deja de lado su apasionamiento por hurgar en los motivos que condujeron al autor hacer la canción (una supuesta infidelidad de Aurora Díaz con un zorro de “Casca”, la cual motivó al marido de ésta, Policarpo Escudero Villanueva, al asesinato de los amantes). Los familiares de la pareja explican la canción de diversas formas. De este modo el narrador recurre a la oralidad, recurre a diversas voces que intentan dar una explicación tendenciosa del origen de la canción que, con el tiempo, se ha convertido popular.
La novela así es un claro y lúcido diálogo  entre la música, el paisaje, la memoria y la voz de los muertos que buscan a sus interlocutores. En la novela de Yauri se plantea un tenue diálogo con la modernidad. Precisamente tiene que ver con la penetración de esta última en los espacios andinos de la sierra (a través de la Coca-cola, los chiclets, el Yaris, la música clásica, etc.), pero no entra como indicador de cambios socioeconómicos, sino como una metáfora  de las alienaciones y la penetración de la globalización en sociedades urbanas, periféricas y andinas.